Río Verde de Los Henaos, donde el bosque se vuelve escuela

Crónica sonora – Historia de Katherin Juliana Ossa Orozco

En la vereda La Torre, del corregimiento Río Verde de los Henao, en Sonsón, cada jornada comienza desde muy temprano para Katherin Juliana Ossa Orozco. Ella tiene 16 años y, como muchos jóvenes del campo, su camino a la escuela no se mide en cuadras sino en fincas, montañas y animales. Lo recorre junto a Candelo, su mula, atravesando senderos rurales donde la vida silvestre es parte de su paisaje cotidiano.

“Cuando voy para la escuela me encuentro con el ganado, las aves…”, cuenta Katherin. El trayecto puede tardar hasta dos horas, dependiendo del ritmo y del estado del camino. “Yo me demoro dos horitas para ir en bestia. Se llama Candelo, es como cafecito. Yo salgo de mi casa a las 7:30 u 8 de la mañana… llego a un lugar que fue donde hicieron los encuentros de Masbosques y de ahí para allá hay más casitas y voy más acompañada”, relata.

Ese punto del camino no es casual. Allí se desarrollaron varios de los encuentros del proceso de Ciencia Participativa en Biodiversidad, una iniciativa impulsada por Masbosques que busca generar conocimiento desde el diálogo entre saberes tradicionales, memorias locales y conocimiento técnico del campo. Un proceso en el que las comunidades no solo participan, sino que también investigan, observan y aprenden sobre el territorio que habitan.

Río Verde de los Henao es un enclave ecológico estratégico para el Oriente antioqueño. Ubicado en el complejo de páramos de Sonsón, un territorio que conecta las zonas altas con áreas más cálidas, formando una transición entre bosques nublados y bosques húmedos que regula el agua y alimenta cuencas fundamentales para la región.

Para Katherin, estas jornadas significaron una nueva forma de mirar su entorno. “Nos íbamos a andar por allá todo el día conociendo aves, plantas. Es muy rico para aprender sobre donde uno vive”, dice mientras enumera algunas de las especies que hoy reconoce en su vereda: “Está el sirirí, el carbunco, las guacharacas, el cacique candela, el toche, el sinsonte. El sinsonte vive mucho alrededor de las casas”.

Desde Río Verde de los Henao, jóvenes y familias hacen parte de este proceso de Ciencia Participativa en Biodiversidad que fortalece el vínculo entre comunidad y naturaleza. Historias como la de Katherin muestran que el cuidado del territorio también se construye desde la escuela, desde los caminos rurales y desde la curiosidad de quienes aprenden a leer el bosque como parte de su propia historia.

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